EL BEATO DE LIÉBANA

 

Además de las diferentes connotaciones de tipo religioso que tiene el monasterio de Santo Toribio de Liébana, de entre las que este año destaca la celebración del Año Jubilar, está la figura del Beato de Liébana en quién nos centraremos un poco en este apartado. Pero antes, hemos de recordar que para la fe católica sólo existen cuatro puntos del planeta en los cuales, en determinadas fechas se da la circunstancia de que puede conseguir el jubileo: Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. De ellos, uno ha desarrollado una fama mundial más por las connotaciones históricas y culturales de lo que la peregrinación hacia allí representa, que por el propio jubileo en sí. Nos referimos a Santiago, o mejor dicho, al Camino de Santiago, el cual año tras año atrae a miles de peregrinos creyentes o no, que desean vivir la experiencia de un viaje caminando con varios siglos de permanencia en la cultura europea. Varias son las religiones que entre sus tradiciones muestran peregrinaciones, nuestra ruta no tiene un objetivo religioso para el grupo (aunque pueda tenerlo individualmente para algunos), más bien se fija en el concepto de peregrinación, de avance constante y paciente hacia un destino, a través de parajes montañosos y mediante el medio de transporte más antiguo: caminar. Nuestra experiencia estos días va a trasladarnos a la percepción temporal y espacial del viaje medieval, con su ritmo, sus recursos y su paisaje.

 

En este orden de cosas se hace especialmente interesante comentar la figura del Beato de Liébana un personaje que habitó en estos lugares a mediados del Siglo VIII y que destacó por acometer determinadas acciones de impacto mundial para la época, basándose en su gran erudición y formación. Este personaje jugó un papel clave dentro de la evolución del cristianismo peninsular, enfrentándose al Obispo de Toledo quién proponía una adaptación fuerte de la fe cristina para hacerla compatible con el Islam (entonces la fuerza de poder reinante en la Península). Tal fue la lucha ideológica entre ambos que debió resolverse a nivel europeo tanto con intervención del Papa y del Emperador Carlomagno, como con la de los líderes cristianos de los principales países europeos. Pero más conocido aún resulta el Beato por ser el autor de varios libros, de entre los cuales destaca especialmente los “Comentarios al Apocalipsis”. Se trata de un códice, una obra teológica cuyas ilustraciones influirán decisivamente en toda Europa para la implantación del estilo pictórico, escultórico y arquitectónico románico. “El comentario beatiano fue muy estimado en el Medievo, y copias del mismo eran habituales sen las bibliotecas de monasterios y catedrales de Francia, Italia y, sobre todo España. Para él llegó a crearse el modelo característico de códice, llamado “Beato”: se trata de libros de gran tamaño y singular lujo con espléndidas miniaturas a todo color, que siguen unas pautas muy definidas tanto en el contenido como en la forma” (Joaquín González Echegaray).

 

 Entre los personajes más prestigiosos de le época, a nivel europeo se encontraba Alcunio de Cork, que además de teólogo y poeta, era matemático y astrónomo. Este personaje apoyo al Beato de Liébana en la comentada disputa, y a él dirigió una memorable carta, de la que destacamos la siguiente cita, verdaderamente apropiada para un grupo académico como en nuestro (formado por profesores y alumnos que viajan en una actividad escolar organizada por un instituto), que recorre la peculiar ruta que hemos elegido:

 

“Que esta carta recorra las colinas y altas montañas, para llevar a (ti), padre, desde tan lejos, mis palabras de saludo”.

 

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